Fragmento Dos

La distorsión de varias imágenes se hace presente, la estática del sonido, la deformación de los personajes y el escenario va descendiendo hasta hacerse claro, visible.

—Natasha, se está haciendo tarde, ya me basta con lo que compramos en descuento —La joven de ojos entusiastas sonríe levantando sus bolsas llenas de distintos rubros.

La tienda de donde salen abastece a cada persona, el sonido de la campana sobre el inicio resuena algunas veces cada minuto, el reloj posa en la mitad de su recorrido. Natasha mantiene una expresión impasible, observando las vitrinas abarrotadas de ropa estilizada; muy asequible para ser una tienda tan reconocida en la ciudad.

—¿Segura?, eres del tipo que se arrepiente de no comprar algo de más en estas épocas —cuestiona Natasha con una ceja levantada.

—¿Me cuestionas a mí?, Nat, ¡tú eres quien más se queja! —exclama mientras sigue el paso de su compañera. Ambas toman la oportunidad de uno de los clientes que abre la puerta para pasar por ella y plantar sus pies en la acera.

—No, nunca lo hago, lindura. Más te recuerdo que quien pagó eso hoy, he sido yo —Un abrigo envuelve su cuerpo evitando el frío que azota la ciudad en estas épocas, ambas tienen el mismo tipo, solo diferenciados por su color y talla.

—¡Ya, pero...!, ¡Qué mala eres, Nat!

—Realista, muy realista, Gaia —El rostro de la joven presumida se realza con aquellas palabras, tan pálido, ausento de imperfecciones. Un pendiente reluce en una de sus orejas, este con una gema incrustada; la segunda prenda que comparte con la chica risueña.

—Presumida, muy presumida, diría yo —suspira dejando caer su cuerpo mientras camina con pesadez, al instante recuerda algo, como si retomase la fuerza perdida, levanta la mirada dirigiéndose a su compañera.

—Sabes, Nat, últimamente he visto que en las calles de la ciudad se presentan más casos de personas desaparecidas, ¿no te parece extraño? —El viento resopla a su alrededor, este con escasez de personas en las inmediaciones, por miedo o precaución, se hallaban dentro de sus hogares.

—Sí, ha sido difícil de descifrar, ¡Agh!, ni siquiera yo he podido encontrar la razón —Chasquea su lengua, al mismo tiempo que endurece la mirada. La ciudad ofrece un silencio que es más fuerte entre las calles se hacen más estrechas y con menos edificios. Y hasta ahora en la salida de la tienda su observación se hace más presente.

—¿Crees que sea alguna secta religiosa?

—No, no en estos tiempos, ya no es tan presente en la ciudad.

¿Seres sobrenaturales?". La joven de ojos entusiastas hace gestos intentando replicar caras extrañas.

—-Nunca existieron.

La oscuridad engulle el plano de izquierda a derecha, dandole fin a la escena.

...

Asha abre los ojos, encontrando una luz que golpea su rostro, usando su palma para bloquear los rayos solares, una ventana deja entrever la gran ciudad de oro. Su expresión rígida, la molestia se escurre entre sus ojos.

—Ya es imposible callarlos, mejor ignorarlos, antes que me saque de quicio —maldice a sus adentros.

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