Estirar
Entonces el horizonte engullido por mi visión, desvela la oclusión de Helios, servir, servir a este mundo, ¡Qué desdicha!, tantas piedras que menguan, tantos satélites sobrevuelan y, tantos soles que amansan mi sombra. Quise estirar el tiempo, ay, qué tiempos, ay qué tierno.
Quise estirar el tiempo, ofrecí lluvia ácida, dagas, ataques a quemarropa, incendios... pero quejarse es tirar mi tiempo.
Abusé de mis derechos, mirando las manecillas bajo un puente, gente, tan preocupada como curiosa, abalanzaba sus preguntas, y en su lugar, respondían mis prosas.
Miré atardeceres, anduve entre placeres vanos, de la mano con la muerte y, comprendí a los herejes, nubes y sacerdocios... Las abadías, los monjes, los conserjes...
Desgarré mi piel, cambié el nombre de mi padre que, era mi nombre, ahora por un desconocido... Di tres (3) vueltas por el mundo, desafiando los conocimientos de cada sabio y flui en cada navío…
Estiré mi tiempo, ostentando relojes caros, incrustándolos sobre mi cuerpo, las manecillas como latidos, ¡y qué plácido!, aunque, faltaba algo.
Aunque estiré mi tiempo, la satisfacción no ronda mi alcoba, aunque con mil nombres, olvidé quien era ahora; aunque mis pieles eran relojes...
Olvidé la hora.
¿Es tirar mi tiempo cumplir mis sueños?, ¿o estirar mi tiempo cambia las reglas del juego?, no, en ninguno de los dos casos, la mortalidad me persigue, exhibe mis heridas, solo que, uno deja en evidencia cuan amada era esta vida, este lapso de tiempo, que enhebra poesía sin medidas; rebasa las manecillas, mi objetivo desde el inicio.
Yggdra⬅️|